SAlón Parroquial MªInmaculada

El solar, de fuerte pendiente, se dotará en el futuro de iglesia y plaza de acogida. El encargo constaba de construir el Salón Parroquial como zócalo del futuro Templo. De manera que se construye el edificio teniendo en cuenta varios aspectos que definen la propuesta:

La propia naturaleza de una edificación destinada al culto, planteó la necesidad de conseguir espacios propicios para el recogimiento y la meditación. Por esto, el Salón Parroquial se vuelca hacia los jardines interiores, aislándose del exterior mediante muros de hormigón ciclópeo y hormigón armado. Los cerramientos, a modo de celosías y perforaciones, se entienden como tamices de luz, que terminan de dotar al espacio interior del ambiente deseado.

Entendimos el Salón Parroquial como una coraza que encierra un espacio amplio en su interior. Y así, el exterior es duro y resistente mientras el interior es luminoso (la presencia de la luz cenital), aromático (el jardín de naranjos que da la bienvenida), misterioso (la escalera que se esconde tras los muros blancos) o pragmático (los usos claramente dispuestos).

Entendimos el Salón Parroquial como un paseo ritual donde la sorpresa pueda surgir en cada giro. Por lo tanto, se accede por un patio ajardinado, y tras él, ingresamos a una galería en claroscuro. O seguimos de frente hacia los planos del fondo iluminados cenitalmente. Detrás, otro patio que se tupirá de enredaderas con el tiempo, ofrece un fondo de verdura a la sala múltiple.

Entendimos el Salón Parroquial como una superficie flexible con capacidad de adaptación a los diferentes usos. Es el gran espacio el protagonista definitivo. Un bloque fijo a la entrada (forrado de madera) contiene oficina del párroco, aseos y servicio. El resto, distribuido mediante tabiquería ligera podrá mutar a voluntad.

Entendimos el Salón Parroquial a partir de materiales que respirasen, que sintieran el paso del tiempo. El hormigón se teñirá de inviernos, los naranjos aportarán el color, las troneras harán de vitrales hacia la calle y la madera contribuirá con su calidez.

SITUACIÓN

Urb. Los Alisios, Santa Mª del Mar, Santa Cruz de Tenerife

AÑO

2006

FOTOGRAFÍAS

José Ramón Oller

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